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Pesadez

Que en este mar de piedras,
gris cruel, bello y angosto
una mirada marrón y última
pudiera cruzarse con una persona
parece imposible

Si las gárgolas pudieran despertar
serían mis amigas
grotescas, como mi esencia
saben  a dónde dirigir la mirada
después de una eternidad fijada
en un detalle del mundo
El suyo propio
Yo sé como leer sus ojos vacíos
Y sé para quién son sus guiños

Conocer sus más profundos miedos
observando su rostro petrificado por el vértigo
Ahora que las invito, bajan de mi mano
hasta lo terreno
Gritamos y bebemos
¡Todos nos tienen temor!
Al deformar nuestros rostros
los marchantes huyen
y cortamos los hilos de los títeres

Ellos quieren escalar
hasta las alturas
Pero al fin y al cabo
sólo son un manojo de astillas
mecidas por el viento

                         
                                                                                                                            11 de Abril

El canto de las farolas


Las ciudades que al mirarlas

te sepultan entre sus piedras

son las eternas

las que nacieron viejas

cansadas

por su propia sabiduría


decadentes

como una columna vertebral centenaria.



Las que sólo se necesitan a ellas mismas

pero a las que acuden numerosos jóvenes

que hormiguean por sus capilares

y sólo aspiran

a ahogarse en lo profundo de sus arterias



Quienes se asoman por los puentes con deseo

y se emborrachan entre las luces adormecidas, anestesiadas, tan lejanas,

y aquellos lodos y aguas turbias que son una promesa,

de la caída ansiada

de su torpe vuelo.




                                                                                                                 Mediados de Abril, 2013