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La historia de nunca acabar


Bien está lo que bien acaba. Me encanta las frases hechas casi tanto como a los matemáticos el orden como opuesto y vencedor supremo del caos.



Es mentira. Me encantan las frases hechas porque me hacen disimular ese caos que llevo dentro y a flor de piel. Ese todo que me contagia, ese devenir ¡eterno devenir! Del que no puedo soltarme. Y tengo náuseas pero al mismo tiempo, me niego a renunciar al vértigo. Las frases hechas me hacen parecerme más a ti. Tan predecible, tan calculadora, fría, racional, CORRECTA.



Porque no puedo, no quiero, no siento que esto deba acabar así. Que tus prioridades sean diferentes a las mías. Que el clamor de tu cuerpo, si algún día de los pocos hubo alguno (o si por el contrario, yo fuese tan torpe), quede relegado a un mero recuerdo, a un leve susurro frente al DEBER. Frente a lo NO VISCERAL. Frente a lo ETERNO. Amicitia vs. Libidine.



Y sí, la estúpida estoy yo. Soy yo. Y es que el ser humano, es tan increíblemente estúpido. Ha llegado a hacer las más estúpidas acciones. Pero ninguna de ellas, tan funesta como esta, ahora mismo. Para mí y para nadie más es esta afrenta tan grave. Tal vez para ti, no tú, pero  para alguien que lea esto ahora. Eso vale más que el mero hecho de escribir para desangrarse un poco más. Sacrificio impune. Sacrificio sinsentido, funesto, ABSURDO.



Es estúpido, lanzarse a salvar un árbol, correr sola, como loca, por las llanuras del desierto, sin saber a dónde, pero siguiendo al faro lunar. Es estúpido pasarse la noche en vela por el candor de otro cuerpo, por el aliento de ella y sus labios plenos entreabiertos. Es enormemente estúpido olvidarse de lo eterno para fijarse en un momento, olvidar los oxímoron y las dicotomías y abandonarse a lo nuevo.



Y sí, estoy borracha, y sí estoy tan borrachamente ebria de VIDA.

Y sí, prefiero humillarme mil veces, INFINITAMENTE, si incluso fuese posible, a reducirme a tu amiga. Y me gustaría, de paso, parar de aludir a términos absolutos. Acaso se puede vulnerar más un sentimiento.

Desayuno sola por la mañana en una cafetería abarrotada


Tal vez debería emborracharme cada vez más a menudo

Despedirme más frecuentemente de tus besos

sentir como tu piel se acerca más al suelo

de la indiferencia

Qué frío se está, coño



Preguntarme por mi misma

cuando me veo en el espejo

Enviar postales con destino al vertedero

Saber cuando decir sí y cuando pedir perdón



Despedirse en el momento adecuado

Borrar contactos, dormir más horas

Pensar qué perdida andas

Lucía, ya ni yo te reconozco



Querrías decir no y te callas

Querrías follar más y pasas

Querrías beber un trago más

y lo haces



Y tu clítoris, que solo se deja tocar

por quien tiene la piel más manchada de sangre

clama venganza



Y yo, que solo quiero un puñetero café

que solo quiero invitarte a un maldito café

para mirarte sin ver nada

sin saber qué decir

pero mirarte, sólo eso.

Y sentir, algo más lento

el paso del tiempo