Bien
está lo que bien acaba. Me encanta las frases hechas casi tanto como
a los matemáticos el orden como opuesto y vencedor supremo del caos.
Es
mentira. Me encantan las frases hechas porque me hacen disimular ese
caos que llevo dentro y a flor de piel. Ese todo que me contagia, ese
devenir ¡eterno devenir! Del que no puedo soltarme. Y tengo náuseas
pero al mismo tiempo, me niego a renunciar al vértigo. Las frases
hechas me hacen parecerme más a ti. Tan predecible, tan calculadora,
fría, racional, CORRECTA.
Porque
no puedo, no quiero, no siento que esto deba acabar así. Que tus
prioridades sean diferentes a las mías. Que el clamor de tu cuerpo,
si algún día de los pocos hubo alguno (o si por el contrario, yo
fuese tan torpe), quede relegado a un mero recuerdo, a un leve
susurro frente al DEBER. Frente a lo NO VISCERAL. Frente a lo ETERNO.
Amicitia vs. Libidine.
Y
sí, la estúpida estoy yo. Soy yo. Y es que el ser humano, es tan
increíblemente estúpido. Ha llegado a hacer las más estúpidas
acciones. Pero ninguna de ellas, tan funesta como esta, ahora mismo.
Para mí y para nadie más es esta afrenta tan grave. Tal vez para
ti, no tú, pero para alguien que lea esto ahora. Eso vale más que el
mero hecho de escribir para desangrarse un poco más. Sacrificio
impune. Sacrificio sinsentido, funesto, ABSURDO.
Es
estúpido, lanzarse a salvar un árbol, correr sola, como loca, por
las llanuras del desierto, sin saber a dónde, pero siguiendo al faro
lunar. Es estúpido pasarse la noche en vela por el candor de otro
cuerpo, por el aliento de ella y sus labios plenos entreabiertos. Es
enormemente estúpido olvidarse de lo eterno para fijarse en un
momento, olvidar los oxímoron y las dicotomías y abandonarse a lo
nuevo.
Y
sí, estoy borracha, y sí estoy tan borrachamente ebria de VIDA.
Y
sí, prefiero humillarme mil veces, INFINITAMENTE, si incluso fuese
posible, a reducirme a tu amiga. Y me gustaría, de paso, parar de aludir a términos absolutos. Acaso se puede vulnerar más un sentimiento.