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Fenómeno: rayos láser

El de las películas. El de los sueños.
El de las fotos. El que siempre veo fuera.
Nunca dentro. Tal vez, alguna vez, con otro
significado. Más amor que eso

El beso que se busca toda una vida
El elemento que nos hace cambiar
de estado, todos a la vez: nos derretimos
nos evaporamos y nos solidificamos.
Todo al mismo tiempo
¿Cómo se explica esto?

El beso que resucita muertos
y dinamita un local entero.

Vino, entonces, una erección
Oh, cielos, qué erección
La sentí crecer entre mis labios
Mi clítoris lanzaba rayos de todos los colores
al espacio infinito
Como queriendo compartir su estado pletórico
con los astros
Como tratando ser una estrella
Como resistiéndose a desaparecer de inmediato
en lo efímero del tiempo

Como proyectándose para ser reconocido por otros, para comunicarse, para ser parte de una obra de arte en la orquesta de rayos de colores interestelares. Quién sabe si ese es el origen de los colores. Una fiesta de rayos de clítoris que llega hasta nuestro mundo.

Una tarde en el teatro


Me gusta contemplar

la cadencia que tiene tu forma

al caminar



Esa es.

Y hueles a seda

Y tu pelo es una serpiente, enroscada a tu bello cráneo



Y tu cuerpo no es voluptuoso, pero de cerca se enaltece.

Y basta como está.

De un color calmo y sencillo. Oscuro



Me gusta respirar.

Cerca de tu hombro.

En ese lugar privilegiado

Desde donde puedo observar

tu pecho henchirse hasta casi explotar

y volver a bajar

Tus piernas helénicas reposar

La una contra la otra.

Y un ademán de tu mano contra tu cuello.

Que es exquisito. Victoriano.



Me gusta jugar

a que no me interesas lo suficiente

como para monopolizar tu conversación

como para no bailar contigo

como para no besarte la mano

-como la buena dama que soy-

como para no llamarte cualquier día

para quedar solas, tú y yo

y decirte cómo eres sedosa

y cómo me gusta algo más que tu vestido

y, en definitiva, para mirarte como te miro

desde ese lugar privilegiado