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Una tarde en el teatro


Me gusta contemplar

la cadencia que tiene tu forma

al caminar



Esa es.

Y hueles a seda

Y tu pelo es una serpiente, enroscada a tu bello cráneo



Y tu cuerpo no es voluptuoso, pero de cerca se enaltece.

Y basta como está.

De un color calmo y sencillo. Oscuro



Me gusta respirar.

Cerca de tu hombro.

En ese lugar privilegiado

Desde donde puedo observar

tu pecho henchirse hasta casi explotar

y volver a bajar

Tus piernas helénicas reposar

La una contra la otra.

Y un ademán de tu mano contra tu cuello.

Que es exquisito. Victoriano.



Me gusta jugar

a que no me interesas lo suficiente

como para monopolizar tu conversación

como para no bailar contigo

como para no besarte la mano

-como la buena dama que soy-

como para no llamarte cualquier día

para quedar solas, tú y yo

y decirte cómo eres sedosa

y cómo me gusta algo más que tu vestido

y, en definitiva, para mirarte como te miro

desde ese lugar privilegiado

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