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El canto de las farolas


Las ciudades que al mirarlas

te sepultan entre sus piedras

son las eternas

las que nacieron viejas

cansadas

por su propia sabiduría


decadentes

como una columna vertebral centenaria.



Las que sólo se necesitan a ellas mismas

pero a las que acuden numerosos jóvenes

que hormiguean por sus capilares

y sólo aspiran

a ahogarse en lo profundo de sus arterias



Quienes se asoman por los puentes con deseo

y se emborrachan entre las luces adormecidas, anestesiadas, tan lejanas,

y aquellos lodos y aguas turbias que son una promesa,

de la caída ansiada

de su torpe vuelo.




                                                                                                                 Mediados de Abril, 2013




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