Se me han quedado
las manos pegadas
-no, no entre ellas,
ni a tu espalda, ni a tu entrepierna, ni a tu falda-
al teclado
desde que empecé a
escribir
poemas como pulgones
no dejo de rascarle
recuerdos y olvidos
al teclado
como si esculpiese
un busto
que nunca acaba
de tomar forma
ya sé que no vas a
volver
ni a mi vida
ni a mis sueños
ni a este lugar
dejado de la mano de
Alá
por donde pululan
las beatas
tan feas como su
nombre
beatas
urgh
hablar de
cosas feas
tal vez me
disuada
de recordar las
criaturas bellas
que ya no están
que un día
destesté
-solo un poco-
y que amaré,
ficticiamente
hasta que sangren
las puntas de mis dedos
de rascar las
cicatrices
de las picaduras
del amor no
consumido
de los pulgones
Entre medias
tuvieron lugar
muchos más poemas
que por decencia
se esconden
bajo la falda
muchos más
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Todo el mundo miente. Nadie se da cuenta