Fui a tender mi aterido cuerpo sobre
tu bosque de helechos,
rizándose desde tu pecho
en una mañana de invierno
Tu cuerpo de nieve quemaba
- las cicatrices, aunque no se
ven, siguen intactas -
Jugando a rizar finísimos hilos ocres,
buscaba crecer de trigo
maduro
torbellino y sombra
Sobresalto
el chillido de un tren, una
cafetera, una harpía o un hombre asustado
yo caigo en seco
Entonces sólo
cabe esperar
a que los ojos del otoño caigan
todos
que caigan
todos
instantes
eternos
colorean
una posible
eternidad
para volverte a mirar
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Todo el mundo miente. Nadie se da cuenta