Me gustaría despertarme, sentir la
blancura de las sábanas y al incorporarme, como el calor rezagado
entre ellas durante la noche, escapa hacia otras camas, o tal vez
sólo se evapora por el aire, como los besos que dejo escapar
mientras sueño y huyen más allá de la ventana que has abierto,
cuyo paisaje no parece más que una postal. Bellísima, tan perfecta
que siempre siento el impulso de cogerla y darle la vuelta para
escribir por su reverso, o leer lo que alguien ya haya escrito.
Tantas historias similares tienen que haber ocurrido en este lugar,
que casi puedo oír el eco y los murmullos de antiguas
conversaciones. En este pequeño oasis, a penas a unos palmos de una
ilusión acristalada, con forma de palacio árabe y cumbres heladas,
donde no existe tiempo, ni tampoco fuentes, mi agua eres tú. Tu
cuerpo, tu risa, tu audacia, una ilusión materializada, que aún no
logro asimilar, pero de la que imperiosamente necesito beber.
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Todo el mundo miente. Nadie se da cuenta